Hoy he decidido hablar de una escena interesante del mundo del celuloide que a buen seguro el 90% de los lectores conocerán.
Es la que depara la ”elección” de nombres de la banda de gangsters de Reservoir Dogs (1992). La película en todo el conjunto brilla más por sus diálogos y actuaciones que por la técnica en sí pero tiene algunas secuencias como la inicial de la cafetería o ésta que cito que son memorables. La película es recomendable por varias razones, entre ellas, porque hizo que Tarantino fuera conocido y pudiera rodar dos años después su obra maestra Pulp Fiction.
Esta escena de Reservoir Dogs es un ejemplo que demuestra que a veces en la vida uno no tiene capacidad total de decisión sobre las cosas que le imponen o se le cruzan en momentos puntuales. Sería muy metafórico y complicado explicarlo pero una cosa queda clara: A menudo alguna vez en nuestra vida tuvimos que decir, con resignación como Steve Buscemi, ”Está bien, me quedo con el rosa” (y además tiene que dar gracias por librarse del amarillo).
Ya saben todos que puede haber dos formas de hacer las cosas: “La mía o la puta calle”, como dice Lawrence Tierney (Joe).
Reflexionen sobre ello. Y quien esté libre de haber percibido esto que tire la primera piedra y escriba (o no) un comentario. Por suerte a mí hace tiempo que no me pasa…