El maestro Clint ha vuelto a lograrlo. Decir “Clint Eastwood” no es solo sinónimo de garantía, sino que equivale probablemente a nombrar a uno de los últimos genios vivos que le quedan a EEUU en materia de dirección. Sin duda, se le echará de menos cuando no esté.
Por suerte sigue en plena forma a sus casi 80 años porque no le bastaba con regalarnos últimamente grandes películas que ya quedan en el imaginario colectivo: Sin Perdón, Mystic River, Million Dollar Baby, Gran Torino (ésta última entre las mejores que se estrenaron en 2009)… Ahora vuelve con Invictus (se estrena mañana 29 de enero) y nos ofrece otra estupenda cinta donde retrata con fidelidad, humanidad y cercanía a uno de los líderes más importantes de la historia contemporánea: Nelson Mandela.
No es que Invictus sea una película de ritmo trepidante pero tampoco abusa de un guión denso. Eastwood basa sus aciertos en un acertadísimo reparto y un argumento sobrio pero eficaz que resume un buen puñado de acontecimientos acaecidos entre 1993, cuando Mandela fue liberado de su prisión, y 1995, en que Sudáfrica logró un hito histórico deportivo al alzarse contra todo pronóstico como selección campeona de la Copa del Mundo de Rugby, curiosamente cuando ejercía de país anfitrión.
El ya oscarizado Morgan Freeman vuelve a brillar por sí solo, logrando mimetizarse completamente en la piel del líder sudafricano, obteniendo un acento casi idéntico al original y copiando fielmente los movimientos gestuales de Mandela. El mejor actor vivo sin duda para hacer de Mandela era Freeman con diferencia y se nota su esfuerzo y buen hacer. Para deleitarse por completo ante esta interpretación es necesario ver el filme en versión original.
También a gran altura raya el otro personaje protagonista, Matt Damon, caracterizado como Francois Pienaar, capitán de la selección sudafricana de rugby con el que Mandela se alía para intentar lograr la unificación de su país. Mandela, a pesar de haber pasado 27 años encerrado en una minúscula celda, deseaba que las razas y las diferencias sociales se igualaran y compartieran un objetivo común, una esperanza de futuro, paz y concordia para todos. Es cierto que Damon queda desdibujado parcialmente pero es lógico pensar que todo gire en torno al líder africano y sus intentos por hacer que el deporte sirviera de elemento aglutinador entre sus conciudadanos, siendo el capitán una pieza más.
Basada en el libro El factor humano, de John Carlin, la cinta toma su título de un poema de W. E. Henley dedicado a Mandela, y que reza en su parte final: “Soy el amo de mi destino; Soy el capitán de mi alma”. Impactante. Ello se une a algunos momentos emocionantes, como el encuentro entre el equipo de la selección de rugby con niños desfavorecidos o el viaje de los jugadores a la celda del propio Mandela. Están cuidados hasta los mínimos detalles, incluso a la hora de reconstruir fielmente el partido original de la final del Mundial. Se buscó a un actor similar al inolvidable Jonah Lomu, líder del equipo de Nueva Zelanda, selección rival de Sudáfrica, que es interpretado por el ex jugador samoano Zak Feaunati. Éste logra imponer tanto respeto y carisma como el Lomu original, quien probablemente fue el mejor jugador de la Historia que ha existido en este deporte y estaba dotado de una increíble capacidad física (1,96 metros y 120 kilos de puro músculo).
“Lo pasado, pasado. Ahora, miremos hacia el futuro“, dijo en una ocasión Mandela tras su encierro. Pues bien, ojalá el bueno de Clint tenga también mucho futuro por delante y siga haciendo películas de nivel parecido a ésta o las anteriormente citadas. El cine se lo agradecerá y nosotros también.
Lo mejor: La interpretación de Morgan Freeman y el realismo de todos los acontecimientos históricos que tuvieron lugar en esa época.
Lo peor: El personaje de Damon quizá merecía mayor protagonismo. Algunos discursos de Freeman/Mandela se incluyen de modo forzado en algún momento de la trama.
Tráiler en HD (Subtitulado al castellano)