Fragmento de ‘Momo’, quien se encuentra con su luz y destino protector: la tortuga Casiopea

Ya lo dije hace tiempo parafraseando la obra de Michael Ende, Momo: El tiempo es vida y la vida reside en el corazón.

En un momento de la obra, Momo se encuentra con Casiopea, esa tortuga que será, sin ella saberlo, fundamental en su destino y su vida. Como a menudo suele ocurrir, los grandes amigos o personas claves de tu vida aparecen por casualidad. La clave está en conservarlas.

Momo y Casiopea forman, sin duda, el mejor equipo. Y cuando lo descubren, son invencibles y superan todas las adversidades.

****

Momo se inclinó hacia ella y le rascó la barbilla.

—Hola, ¿quién eres tú? —preguntó en voz baja—. Es muy amable que tú, por lo menos, vengas a visitarme, tortuga. ¿Qué quieres?

Momo no sabía si es que al principio no se había dado cuenta, o si no empezaba a hacerse visible hasta aquel momento, pero el caso es que, de pronto, empezaron a relucir en la tortuga unas letras que parecían salir del dibujo del caparazón. “Ven”, deletreó Momo con dificultad.

Sorprendida, se irguió.

—¿Te refieres a mí?

Pero la tortuga ya había empezado a moverse. Al cabo de unos pasos se detuvo y se volvió a mirar a la niña.

—Sí que se refiere a mí —se dijo Momo. Se levantó y comenzó a caminar tras el animal.

—Ve —dijo en voz baja—, yo te sigo.

Pasito a pasito fue siguiendo a la tortuga, que la sacó lentamente, muy lentamente, del ruedo de piedra y tomó la dirección de la gran ciudad.

 

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