Microrrelatos: 4. Mi vieja Facultad

Volver a pisar, muchos años después, mi vieja Facultad no ha sido fácil.

La prestigiosa Ciudad Universitaria acoge ese armatoste gris cuyos muros estaban diseñados para ser una antigua cárcel de mujeres. Ciencias de la Información, la llaman. Pero el periodismo real se aprendía fuera de allí, trabajando y buscándose la vida en los medios a los que cada uno pudiera acceder. Hoy, pisar sus baldosas oscuras de nuevo me ha hecho recordar millones de imágenes cargadas de nostalgia que me han empujado hacia atrás como si de un ciclón se tratase.

Mi vieja Facultad sigue teniendo muros grises y chicas hermosas. También sonrisas juveniles, máquinas con tickets y preestrenos de cine anunciados en las cristaleras frente a la cafetería. Explanadas de césped para tumbarse al sol y gente de todo tipo que interactúa como en una gran ciudad.

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Me faltan mis antiguos amigos. Me falta mi camarero poeta favorito sirviéndome al otro lado de la barra. Me falta la visita de mi amigo Chema cuando venía conmigo a ver alguna película de terror o un clásico como Diario de una camarera de Buñuel. Me faltan muchas cosas que viví allí y ya no están pero todas quedaron en mis entrañas y jamás se irán de mí.

Me falta mi antigua videoteca donde pasaba decenas de horas. Hoy, al pasar por allí, donde estaba la antigua puerta y cuando ya me quería alejar de tanta morriña, me he cruzado con una chica guapa, morena, leyendo en unos bancos que también son nuevos. Antes nos sentábamos directamente en el suelo en esa zona. Un café con buena compañía siempre es bueno para contar miedos, fracasos y sueños perdidos.

Mi vieja Facultad sigue igual, por fuera y por dentro. Mi vocación sigue ahí pero siento que yo he cambiado mucho y he descubierto que me dan ganas de llorar cuando me acerco por allí.

Alberto Quintanilla

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