Microrrelatos: 6. El poema, la servilleta y el café

El café estaba bien acondicionado y tenía fotos de actores y películas clásicas en buena parte de sus paredes. La camarera le observó desde lejos y fue directa hacia él.

-Café solo, por favor.
-Sí, señor.

El visitante sacó un pequeño boli y comenzó a garabatear una servilleta. Ella se alejó.

-Aquí tiene, señor.
-Gracias.

Ella dio un giro sobre sus talones.

-Disculpe… ¿qué está escribiendo? Parece concentrado…
-Eh… intento repartir pequeñas dosis de felicidad.
-¿Cómo dice?
-Regalo poemas.

cafe_blogTraslaspuertas

Ella se puso nerviosa y sintió que el suelo comenzaba a retumbar bajo sus pies. Se alejó de nuevo, algo ruborizada, sin decir nada más.

A los pocos minutos él dejó junto a la taza vacía un par de monedas. Salió del local.

Bajo la taza vacía había dejado el poema, que claramente era para ella. La camarera lo recogió. La servilleta estaba arrugada y repleta de letras pero ella la dobló y la guardó en el bolsillo de su delantal.

Él nunca sabría que ella releería esas palabras infinitas noches desde su cama de mujer mal casada, entre rutinas, soñando horizontes mejores que nunca llegarían.

Él nunca sabría nada de todo esto porque el tranvía de regreso a su casa sufrió un accidente y jamás pudo volver a sentarse en aquella cafetería donde ella trabajaría hasta casi el resto de sus días. Hasta que la crisis obligó a cerrar el negocio. Hasta que la vida ya nunca fue vida y ¿quién sabe? quizá pudo haberlo sido.

Alberto Quintanilla