Crítica: ‘Misión Imposible 4; Protocolo Fantasma’, efectivas dosis de acción y entretenimiento

Junto a otras sagas de corte clásico con héroe de acción masculino –de las que Jason Bourne o James Bond son quizá los ejemplos más representativos-, tienen un destacado hueco desde hace algunos años en la cartelera a nivel internacional las aventuras de Ethan Hunt (Tom Cruise), protagonista de Misión: Imposible. Hunt es el espía que hacía vibrar la pantalla con la conocida saga que llegó con fuerza, al parecer para quedarse, y cuya cuarta parte llega ahora a los cines españoles bajo el título de Misión Imposible 4; Protocolo Fantasma (ESTRENO: Próximo viernes, 16 de diciembre).

Un lustro ha transcurrido desde que tuviéramos ocasión de ver la última entrega de Hunt, dirigida en aquella ocasión por J.J. Abrams. Antes que él ya dirigieron su personal entrega tanto Brian de Palma como John Woo. Ahora llega la cuarta parte de una saga en la que coge el testigo Brad Bird (director de algunas joyas de Pixar como Los increíbles o Ratatouille).

Se podría asegurar que Misión Imposible 4; Protocolo Fantasma es una franquicia vendible internacionalmente y una pieza que queda encajadas como más que aceptable dentro de un puzzle de alto carácter comercial. Su excesivo marketing no debe empañar que el producto funciona como correcto engranaje. Ethan Hunt (Tom Cruise) vuelve a erigirse en líder de un grupo especial para, en esta ocasión, enfrentarse a un terrorista con ínfulas de lograr una destrucción nuclear mundial. Simon Pegg, Jeremy Renner y Paula Patton son los secundarios de lujo que acompañan a Cruise en esta aventura, tan ajetreada y frenética a ratos como entretenida, que no olvida sus dosis de acción en ningún momento. Es agradable ver que el villano es el competente Michael Nyqvist (quien encarnó a Mikael Blomkvist en Los hombres que no amaban a las mujeres, versión sueca). También aparecen tangencialmente rostros reconocibles como Ving Rhames y Josh Holloway.

No faltan las persecuciones, las escenas de acción de riesgo -como las escaladas por edificios con alturas kilométricas-, o las peleas… en una trama que recorre lugares como Rusia, India o Dubai. A ratos decae el interés y tiene como mínimo tres oportunidades de finalizar mejor que como lo hace pero eso no puede hacernos poner un velo en los ojos: Misión Imposible 4 es efectiva y recupera gran parte de la magia que propició la primera entrega de la saga. 

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Crítica: ‘Tintín y el Secreto del Unicornio’, intrépida película para un intrépido reportero

Cuando los personajes que marcaron infancias de miles de personas a través de viñetas se trasladan a otros formatos como los videojuegos, la TV o la gran pantalla, los retos no son solo la dificultad de mantener esa magia sino también la de no destruir los recuerdos. Tintín, creado en 1929 por Hergé, no solo ha sido uno de los iconos europeos más visibles y reconocibles del mundo del noveno arte. Además, ha marcado tendencia y se ha caracterizado por su emblemática personalidad y valores.

El riesgo de traslación con éxito de un comic que todo el mundo en Europa conoce -y probablemente casi todo el mundo en el resto de continentes también-, es tan enorme que a mí me daba miedo enfrentarme a la película hollywoodiense de Tintín y el Secreto del Unicornio en 3D por mucho que fuera la dupla Steven Spielberg-Peter Jackson la que se encontrara tras el proyecto. Me alegra descubrir que han logrado algo muy sólido, el primero como director y el segundo en labores de producción.
 

No es sencillo contentar a generaciones diversas, usar con acierto la técnica de capture motion (que no siempre queda bien) y además añadiéndole el toque de 3D que puede incluso volverse en tu contra con productos que empeoran el resultado final (Alicia de Tim Burton es un gran ejemplo de esto último). Hacer que un personaje de comic quede bien “como humano” es casi imposible y eso lo debió pensar Spielberg muy bien. Acierta.

Que se lo pregunten a los que se atrevieron con Astérix y sus secuelas, a Javier Fesser con Mortadelo y Filemón, a Frank Miller con The Spirit  o a Antonio Hernández con la reciente El Capitán Trueno. Son algunos breves ejemplos.  Ninguna me parece satisfactoria. En ninguno de los sentidos se acercan a lo que las viñetas originales de sus tebeos reflejaban.

Sin embargo, con Tintín y El Secreto del Unicornio, que parece que se convertirá en trilogía tras su más que probable éxito, ocurre algo curioso. La técnica de animación está lograda, el 3D no marea, la aventura engancha, el guión está más o menos cuidado (con lagunas permisibles y ciertas licencias inventadas fuera del comic), los personajes quedan muy respetados y dignos, la aventura es un homenaje claro al mejor Indiana Jones de los años 80… Todo parece encajar. Y se pasa un gran rato.

Como ya anticipé hace unos días, para mí es una notabilísima cinta que consigue hacernos soñar, volver un poco a la infancia y quedarnos enganchados a la butaca desde el inicio, donde los títulos de crédito logrados son de una excelencia absoluta. Desde ahí, el espectador viaja directo a recorrer aventuras con el reportero más valiente y su fiel mascota Milú, junto a un Haddock memorable y unos gemelos Hernández y Fernández torpes pero altamente creíbles.

Hay que verla. Y una pequeña recomendación más: VERLA EN V.O.S. hace que gane enteros. Está claro que hay cambios: no son Hernández y Fernández, sino Thompson y Thomson. A Milú le llaman Snowy y a Tintín le llaman igual pero haciendo la fuerza en la primera sílaba. Cosillas menores cuando puedes disfrutar de los acentos puros y los matices que otorgan con elegancia y gran clase los actores Jamie Bell (protagonista absoluto), Andy Serkins (Capitán Haddock), Daniel Craig (Sakharine) y Nick Frost y Simon Pegg (Thompson y Thomson).

Hergé estaría orgulloso de esta película. Y creo que los tintinófilos, tanto los ocasionales como los acérrimos, quedarán satisfechos, además del público general y multitudes ajenas al personaje. Tintín volverá con más películas. Seguro. Y ojalá queden parecidas a ésta.